Atraen insectos mediante artimañas y la promesa de sexo.

El color del pico de un colibrí es tan parecido al saco de polen de esta orquídea de Panamá que a menudo el ave se lo lleva sin darse cuenta. Muchas plantas se autopolinizan, pero la mayoría de las orquídeas necesitan ayuda para reproducirse. Foto de Christian Ziegler.
¿Cómo esparces tus genes cuando no te puedes despegar del suelo? Engañando a los animales, incluidos los humanos, para que se enamoren.
Por Michael Pollan
Nosotros los animales no damos a las plantas el crédito que se merecen. En inglés, cuando queremos tachar a alguien de inepto o superfluo, decimos que es una “planta en maceta”. Llamamos “vegetales” a las personas que han sido reducidas a un estado de absoluta impotencia, quienes han perdido la mayoría de las herramientas esenciales para vivir. Pero las plantas se las arreglan muy bien y lo han hecho así durante millones de años, antes de que nosotros llegáramos. Es verdad que carecen de ciertas habilidades, como la locomoción, la capacidad de usar herramientas y el fuego, el milagro de la conciencia y el lenguaje. Para animales como nosotros, estas son las herramientas de supervivencia que consideramos más “avanzadas”, y no es de sorprenderse, ya que hasta ahora representan el pináculo de nuestro viaje evolutivo. Pero la próxima vez que te veas tentado a celebrar la conciencia humana como la cima de la evolución, detente y piensa de dónde sacaste esa idea. Conciencia humana. No es una fuente muy objetiva.
Así que celebremos otras proezas evolutivas, de esas que atraerían mucho más a la prensa si la historia natural la hubiesen escrito plantas y no animales (supongo que un artículo escrito por un bípedo de nombre Pollan tendrá que bastar). Mientras nosotros perfeccionábamos la locomoción, la conciencia y el lenguaje, las plantas estaban muy atareadas desarrollando otra clase de trucos que toman en cuenta el hecho clave de su vida: la cualidad de tener raíces y estar siempre en el mismo lugar. ¿Cómo esparces tus genes cuando no te puedes despegar del suelo? Te vuelves extremadamente bueno en cosas como la bioquímica, la ingeniería, el diseño, el color y el arte de manipular a las criaturas más “avanzadas”, incluyendo animales como nosotros. Pienso específicamente en una de las familias más grandes y diversas de plantas con flores: las 25?000 especies de orquídeas que a lo largo de 80 millones de años han logrado colonizar seis continentes y prácticamente todos los hábitats terrestres concebibles, desde los desiertos del oeste de Australia hasta los bosques nubosos de América Central; desde el dosel de la selva hasta el subsuelo, desde las remotas cumbres de las montañas mediterráneas hasta salas de estar, oficinas y restaurantes en todo el mundo.
¿Cuál es el secreto de su éxito? En una palabra: el engaño. Aunque algunas orquídeas sí ofrecen las convencionales recompensas de comida a los insectos y pájaros que llevan su polen de planta en planta, alrededor de un tercio de las especies de orquídeas descubrieron hace mucho, de manera inconsciente, por supuesto, que pueden ahorrarse el néctar e incrementar sus probabilidades de reproducción por medio de artimañas, visuales, aromáticas, táctiles o las tres a la vez. Algunas orquídeas atraen a las abejas haciéndose pasar por flores productoras de néctar, mientras que otras, como la orquídea drácula, atraen mosquitos mediante una colección de olores desagradables, desde el de los hongos y carne podrida hasta el de orina de gato y pañal de bebé. Pero quizá el engaño más ingenioso de todos lo elaboran las orquídeas que ofrecen la promesa de sexo. Y no es exactamente sexo normal. De hecho, es muy extraño.