Lycaste lasioglossa
Viernes, abril 15th, 2011Lycaste lasioglossa: La última flor
La historia de hoy es la historia de nuestro pasado reciente, es la historia de nuestro próximo futuro. Yo no estuve allí y ni siquiera me la contaron, pero no es difícil imaginar lo que sucedió. Fue en el sur de México, en la frontera con Guatemala. Allá, donde la campiña hace imaginar lo que fue el paraíso terrenal.
En la región de los Lagos de Montebello, el azul del cielo es intenso, y su reflejo en los lagos hace todo un espectáculo indescriptiblemente hermoso. Allá en la cima de un cerro, sobre una de las ramas de un añoso árbol vive una reina del bosque, la Lycaste lasioglossa. Sus flores grandes y hermosas han llamado la atención desde siempre, del tal manera que las otras plantas de su especie han sido recolectadas indiscriminadamente, y ahora es la última de su linaje. Para su desgracia, el bosque también se ha reducido en los últimos años. Antes la humedad que los árboles retenían y capturaban de la niebla generaban un mecanismo de retroalimentación positiva, y el agua permanecía todo el tiempo en el bosque. Pero ahora ya no es así, y lo que debía ser una refrescante brisa de primavera, se ha vuelto un cálido y desecante viento.
La Lycaste lasioglossa, al ser una orquídea simpodial, tiene el potencial de la eterna juventud al renovarse cada año a través de los brotes nuevos que surgen desde la base de la planta. Sin embargo, cada año le es más difícil su existencia y siente que sus fuerzas se acaban junto con el cada día más reducido bosque. Nuestra Reina ya parece más bien una diva otoñal. Ante esto, siente que tiene que tomar una acción desesperada, no hay mañana para esperar más. Lleva varios años sin poder florecer y la última vez que lo hizo ningún polinizador la visitó, pues también ellos se acabaron. Esta Reina de las flores no está acostumbrada a vivir sin su corte. Quiere volver a ser el centro de atención, aunque sea por una última vez.
Ella lleva algún tiempo movilizando sus reservas nutricionales y desarrollando un solo botón floral. Le ha susurrado al bosque sus intensiones y todo estará listo para el amanecer. De tal forma, que ya incluso antes de salir el sol, la orquesta filarmónica de aves ejecuta su más compleja melodía sólo para ella. La Reina es una verdadera hija del sol, no sólo tiene sus colores, sino que hasta algunos rayos le ha sacado al astro rey. Esta faraona en tierras mayas descubre su belleza con los primeros rayos solares. Es de una majestuosidad que deja atónito: su gran tamaño, su forma triangular y sus colores brillantes que se funden entre las líneas de luz y la penumbra del bosque. Las gotas de rocío sobre sus pétalos difractan la luz del sol, ella siente que son su mejores perlas, para los demás son destellos radiantes que engrandecen su insuperable hermosura. Sus segmentos florales se abren, extendidos como quien dirige a la orquesta, esperando las reverencias. En las frescas y húmedas horas de la mañana, el señor viento es más que bienvenido y juntos bailan de nuevo su seductor vals. La Reina se deja consentir, se balancea rítmicamente de un lado al otro, lo etéreo y lo sublime se funden en un instante mágico. Ella recuerda los viejos tiempos, se emociona y deja escapar su imaginación. Sueña que vendrá su Valentino polinizador y sus semillas volarán por todo el bosque, repoblando los árboles con su estirpe y su reino será otra vez de ensueño. Ella sueña despierta, no pide mucho, simplemente sueña con lo que debió ser.
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