Trichocentrum pachyphyllum

By orquidofilo, 22 July, 2010, No Comment

Trichocentrum pachyphyllum ¡o como demonios se llame!

El nombre científico de una especie es una cápsula de información biológica, ya que nos dice mucho sobre su evolución, distribución geográfica, ecología, estado de conservación y cuidados que hay que tener para su cultivo, entre otras cosas. El gran problema es contar con el nombre adecuado para nuestras plantas.

En los últimos años, los botánicos han sido muy activos y han cambiado numerosos nombres, sobre todo de algunos grupos de interés hortícola como las orquídeas. Ante esta oleada de cambios nomenclaturales desenfrenados, quizá hayamos pensado en volver al uso de los nombres comunes; sin embargo, el uso de éstos no ayudaría en mucho. Lo anterior sucede porque frecuentemente varias especies, que incluso pueden pertenecer a diferentes familias botánicas, se las conoce con el mismo nombre común. Volviendo al nombre científico, cabe aclarar por convención (a partir de 1758 en que aparece la décima edición de la obra Systema Naturae de Carlos Linneo) siempre se debe mencionar el binomio completo, es decir tanto al género como al epíteto específico juntos. No es correcto decir sólo adenocaula, purpurata, anceps, etc., aunque en muchos casos sepamos de qué género se está hablando. Los géneros se pueden abreviar para facilitar la escritura (sólo con la primera letra); pero el nombre de una especie es binomial, y siempre tiene que mencionarse el género y luego el epíteto específico, tanto al decirlo como al escribirlo. Ya inmiscuidos en este asunto, les comento que tanto los géneros de manera independiente como el binomio género-especie se suelen escribir en cursivas (itálicas) o subrayados, para señalar que es un nombre en latín. Esto de latinizar los nombres es una convención y en cierta manera un “atavismo” de los tiempos en que la lingua franca de la ciencia era el latín, algo similar a lo que ahora representa el idioma inglés. El nombre del género, por ejemplo, nos da información sobre la situación evolutiva de la especie que nos interesa. Dentro del mismo género estarán los parientes más cercanos. Por ello, también nos brinda información sobre la posible distribución geográfica y, en términos prácticos, también nos da información sobre algunas generalidades de su cultivo. Por ejemplo, si hablamos de Barkeria, inmediatamente pensamos en un género emparentado con Epidendrum, de distribución exclusiva en Mesoamérica, de plantas con tallos tipo caña y raíces carnosas, que requieren de poco medio de cultivo. Ciertamente, se requerirá también del epíteto específico para saber más en detalle cómo cultivarlas, etc. El porqué cambian de nombre las plantas es un asunto muy complejo. La especie que nos ocupa es un buen ejemplo de algunos de estos cambios y por ello puede de ser utilizada de modelo para clarificar. Originalmente se clasificó como perteneciente al género Oncidium, seguramente por el color amarillo con puntitos café-rojizo, un callo en el labelo y otras estructuras florales. En particular, a esta especie la conocimos durante mucho tiempo como Oncidium cavendishianum Bateman, nombre publicado originalmente en “The Orchidaceae of Mexico and Guatemala t. 3” en 1837. Aquí vale la incorporación de dos notas aclaratorias. La primera tiene que ver con el nombre del autor, o autores, de la especie, que es el nombre (o los nombres) que prosigue(n) del epíteto específico y que no se escribe(n) con cursivas. El nombre de autor es importante porque dos autores diferentes podrían dar el mismo nombre a especies diferentes. No sobra mencionar que para que un nombre sea válido, el autor debe especificar un ejemplar de herbario en el cual se basó la descripción, y ese ejemplar se denomina el ejemplar tipo. De esta manera, si otro individuo se parece al ejemplar tipo será la misma especie y si no entonces se le podrá asignar otro nombre, ya sea como especie nueva o como una variedad (o subespecie) de ésta. El otro punto importante a señalar es la fecha de publicación de la especie. Ya que de acuerdo a código internacional de nomenclatura botánica existe una prioridad cronológica, y se debe utilizar preferentemente el nombre más antiguo válido publicado. Regresando con nuestra especie, con el tiempo otro botánico (Guido Jozef Braem) pensó que esta planta tenía ciertos atributos que lo hacían suficientemente diferente de los demás Oncidium y lo transfirió a un género diferente: el género Lophiaris Raf. (este género ya había sido descrito previamente, en 1838). De esta manera, en 1993, amanecimos con la sorpresita de que nuestra planta se llamaba ahora como Lophiaris cavendishiana (Bateman) Braem. (publicada en Schlechteriana el 24 de junio de 1993). Además del género, podemos ver que la terminación del epíteto específico se modificó, esto último no tiene mucha relevancia botánica, y lo único que se modifica en el género (tipo de sexo) del nombre de la especie, pues Oncidum es masculino y Lophiaris femenino [En opinión del Dr. Juan José Morrone, eso no fue del todo correcto, ya que sólo deberían concordar gramaticalmente los epítetos que sean adjetivos, que califican al género, pero no los nombre dedicados a alguien]. Entre los motivos que se han utilizado para segregar a este último género, están la presencia de una hoja muy carnosa terminal (similar a una oreja de burro, como su nombre común lo indica) y los tallos muy reducidos en tamaño. Posteriormente, en 2001, a partir de un análisis filogenético de secuencias de ADN se propuso que no se debía separar al género Lophiaris del género Trichocentrum Poepp. et Endl. (publicado en Nova Genera ac Species Plantarum 2, en 1836). De esta manera, cambiamos una vez más el nombre de nuestra especie, ahora a Trichocentrum cavendishianum (Bateman) M. W. Chase et N. H. Williams (publicado en Lindleyana en 2001), y con lo cual la especie recobró su identidad sexual *.
Ya que la familia había aceptado la transexualidad de nuestra especie, resultó que ese no era el problema, y que así no se podían quedar las cosas. El motivo en cuestión fue otra de las principales razones del porqué nos divertimos tanto cambiándoles las etiquetas a nuestras plantas. En este caso no se trata de un tecnicismo taxonómico sino de una mala identificación de la especie. Resulta que se encontró que la planta tipo de Oncidium cavendishianum, Lophiaris cavendishiana o Trichocentrum cavendishianum o como le quieran decir, es una especie de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador). Las plantas que se localizan más hacia el norte de América, por encima del Istmo de Tehuantepec tienen características distintivas y se puede decir que en realidad corresponden a una especie hermana o muy similar. Esta otra especie ya había sido descrita con anterioridad y ha sufrido la misma historia de cambios nomenclaturales, de tal manera la podemos reconstruir así: de Oncidium pachyphyllum Hook. (1840), pasó a Lophiaris pachyphylla (Hook) R. Jimenez et Carnevali (2001), y luego a Trichocentrum pachyphyllum (Hook.) R. Jiménez et Carnevali (2003). Estas dos especies hermanas se confunden fácilmente, y sobre todo en el material herborizado, donde algunas características diagnósticas se pierden. Gracias al minucioso trabajo de Rolando Jiménez, quien ha visto cientos de plantas vivas y herborizadas, pudo desenmarañar las diferencias entre estas especies. De esta manera, el nombre T. pachyphyllum se debe aplicar para las plantas que normalmente tenemos en el centro del país, ya que es nativa de los estados de Veracruz, Oaxaca, Puebla, Morelos, Guerrero, Michoacán, Jalisco, Colima y Nayarit. T. pachyphyllum es un especie de las montañas, de bosque templados y fríos, ubicados entre los 1350 m y las 2850 m de altitud. Es muy fácil de cultivar a la intemperie en la Cd. de México y puede ser sembrada en troncos (ramas) o en cestos de madera. Las raíces deben estar muy expuestas y ventilarse mucho para evitar que se pudran. La flores se producen generalmente en primeros meses del año (de enero a abril, con un pico de floración en febrero), que corresponden al invierno del hemisferio norte. Las inflorescencias de esta especie llegan a medir hasta un metro de largo y llegan a presentar hasta 40 flores, pero normalmente vemos floraciones mucho más modestas. A estas plantas no les gusta el sol muy directo, así que es preferible mantenerlos debajo de una sombra. El epíteto específico refiere a la “hoja carnosa”. No parecen tener necesidades particulares de algún fertilizante o medio de cultivo. Desafortunadamente, existen varios motivos por lo cual nuestras plantas cambian de nombre, y esta nota se haría más larga y tediosa como para seguirlas enumerando. Esta revolución taxonómica nos ha dejado perplejos y los cambios prácticamente están ocurriendo a todos los niveles taxonómicos en los diferentes grupos de plantas (desde el nivel de familia hasta el de subespecies y variedades). Si pensamos que cambiar etiquetas y memorizar nombres nuevos es fastidioso, la verdad es que es nada comparado con las innumerables consecuencias que se tienen en otros aspectos. Hasta donde yo se nadie ha estudiado en detalle las consecuencias que los cambios nomenclaturales tienen sobre otras áreas de la biología y sobre las demás personas. Para mencionar algunos ejemplos de estas consecuencias podemos enumerar las siguientes: Cuando se busca información biológica de una especie es necesario buscar todos los sinónimos posibles. En muchos casos información valiosa de una especie no es consultada simplemente porque no tenemos el nombre adecuado, o porque en el pasado se utilizaba otro nombre. Por ejemplo, yo tuve que hacer un análisis que incluía la distribución geográfica de alrededor de 10,000 especies, y no es trivial buscar todos los sinónimos, y discernir si de verdad estos son o no la misma especie. En otros casos, esta falta de claridad taxonómica genera conflictos sobre la estimación del número de individuos, de su área geográfica y de la amplitud de hábitats utilizados, de las características del ciclo de vida, entre muchas otras características de las especies. En consecuencia se afectan las posibles estrategias de conservación y de uso, y hacen que parte importante de la biología está construida en un terreno fangoso. La protección de especies individuales está también en juego, pues una especie en peligro de extinción proveniente del campo se podría vender. Esto podría ocurrir si la etiqueta de la planta (suponiendo que no haya dolo) no coincide con el nombre que está registrado en las normas legales, aún cuando sea la misma especie. Por ejemplo, uno de los Trichocentrum más raros de México (endémico del estado de Veracruz) está clasificado como Oncidium stramineum en la norma oficial mexicana, y es probable que las plantas puedan ser etiquetadas para su venta también como Trichocentrum o Lophiaris. Otro posible efecto negativo de los cambios taxonómicos acelerados está relacionado con la necesidades de establecer prioridades de conservación ecológica; ya que uno de los criterios contemplados es el uso de niveles taxonómicos superiores (número de géneros y de familias presente en un sitio). Si no hay criterios homogéneos en cuanto al uso de géneros y familias, porque se siguieron clasificaciones diferentes, se hace imposible comparar entre los diferentes inventarios biológicos. Estandarizar inventarios florísticos de centenas de especies en decenas de sitios no es una banalidad y si no se hace bien puede llevar a tomar decisiones equivocadas y no conservar los sitios más adecuados. Otra consecuencia práctica de los cambios de nombre, implica movilizar los ejemplares de herbario en una colección de una gaveta a otra, ya que normalmente se sigue un orden alfabético para el depósito de las especies. Esta tarea suena a poco trabajo, pero cuando se tienen colecciones que superan el 1,000,000 ejemplares y decenas de miles de especies definitivamente no lo es, sobre todo si hay que recorrer un buen número de ellos porque el especio y las gavetas son limitadas. Para un vendedor de plantas también es complicado poder ofrecer sus productos; por ejemplo, si uno quiere comprar una Cattleya purpurata, es muy probable que no la encuentre en muchos catálogos porque la anuncian como Sophronitis o Laelia purpurata. Así que también hay consecuencias económicas en estos cambios. Por último, a pesar de que existen numerosas consecuencias negativas de los cambios en la nomenclatura de las especies, quisiera señalar que los taxónomos tienen que hacer su trabajo y esta depuración taxonómica es necesaria. Lo anterior es particularmente importante si lo que se quiere es comunicar información precisa sobre una forma viviente en particular, sin dar la posibilidad de confundirla con ninguna otra. Los cambios nomenclaturales son el reflejo de una ciencia que está en progreso y de que cada día sabemos un poco más de nuestras especies. De igual forma, también es una muestra de la gran cantidad de especies, y de linajes vegetales, que existen y que a veces se negaban a reconocer, sobre todo para las regiones tropicales. La estabilidad taxonómica es deseable, pero no puede privilegiarse sobre el avance de la ciencia. La estabilidad de tiempos pasados era en realidad resultado de la falta de conocimiento. Como dicen en mi pueblo, no hay mal que por bien no venga.
  • Nota: Los análisis filogenéticos apoyan tanto la inclusión del género Lophiaris dentro del género Trichocentrum en sentido amplio, como la distinción de Lophiaris como género aparte, y el uso de ambos es válido. En los dos casos, estos géneros serían monofiléticos, es decir, ramas completas del árbol familiar de las orquídeas. Si bien pensamos en los géneros como unidades discretas, en realidad son unidades semidiferenciadas en un continuo evolutivo y los investigadores no hay llegado a un claro consenso de dónde se debe cortar para separar entre éstos. El clado, o rama evolutiva, que nos ocupa ahora Trichocentrum en sentido amplio incluye cuatro ramas discretas (clados) que dependiendo el investigador, pueden ser reconocidos como géneros diferentes: Cohniella, Lophiaris, Lophiarella y Trichocentrum (sentido estricto). Estos cuatro géneros se pueden diferenciar por características vegetativas; por ejemplo, en Cohniella se ubican los ex-Oncidium cola de rata (con hojas teretes), en Lophiaris a las orejas de burro, en Lophiarella a las orejas de burro que tienen pseudobulbos claramente visibles, y en Trichocentrum quedarían las orejas de burro más chicas (< 10 cm), las cuales presentan inflorescencias más cortas que el largo de las hojas y con floración sucesiva. Hasta cierto punto, el uso de sólo un gran género, o de los cuatro clados menores, está en función de qué sopesa más, si las diferencias o las semejanzas entre las especies.

Eduardo A. Pérez García
Departamento de Ecología y Recursos Naturales
Facultad de Ciencias
Universidad Nacional Autónoma de México
Circuito Exterior s/n.
Ciudad Universitaria,
Coyoacán, México D.F., Cp. 04510
México

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