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El Cultivo de Vandaceas

El Cultivo de Vandáceas

Francisco Henriquez

Recopilado por: Fernando Rivero

 

Ascocenda Princess Mikasa

Ascocenda Princess Mikasa ‘Pink’

Las sarcantíneas constituyen una agrupación taxonómica (sub-tribu) donde están incluidas una gran variedad de plantas que presentan formas y tamaños muy diferentes y a la vez tienen una extensa distribución geográfica, que va desde las ecuatoriales tierras de Birmania hasta las frías laderas de los Himalayas. Sin embargo todas ellas tienen una característica común: la monopodia, es decir, el presentar un crecimiento apical continúo en contraposición al crecimiento simpodial con el cual estamos más familiarizados.

monopodial

Esta diversidad morfológica y de hábitat, puede inducir a pensar acerca de las dificultades para cultivarlas, las cuales lógicamente se presentarán en las especies provenientes de clima diferente al nuestro, pero sin embargo, dejan un amplio margen para que puedan ser desarrolladas entre cultivadores que tengan condiciones climáticas similares a las que aquí disfrutamos y más aún, si dentro de las vandáceas nos limitamos a las Sarcanthinae donde ya se encuentra un poco más de homogeneidad.

Dentro de los géneros que con más frecuencia encontramos bajo cultivo pueden citarse : Aëranthes, Aërides, Angraecum, Arachnis, Asconcentrum, Euanthe, Neofinetia, Phalaenopsis, Papilionanthe, Renanthera, Rhyncostylis, Vanda, etc,. Entre los más conocidos. Entre los géneros y especies que conforman esta subtribu, hay que hacer especial referencia a un género artificial, Ascocenda (Ascocentrum x Vanda) por la facilidad de su cultivo, producto de la gran adaptabilidad que presentan las especies que le dan origen, su repetida floración, tamaño compacto y sobre todo, la extraordinaria belleza y colorido de sus flores, han contribuido a la generalización de su cultivo.

Las vandas en general, requieren de un especial comentario, debido a que presentan características que las hacen apetecibles dentro de cualquier colección y que por lo tanto ameritan se destaquen las más relevantes, así como resaltar los detalles y técnicas de su cultivo, que por lo demás pueden ser implementados en casi todas las vandáceas.

Luz

Emergiendo de su tallo monopodial presentan un follaje de acuerdo a dos tipos básicos y uno intermedio: las vandas de hoja ancha, las de hoja semi-terete y las de hoja terete (cilíndrica). Estas últimas tienen la característica de poder cultivarse a pleno sol, en cambio las semi-terete y en especial las de hoja ancha, si bien requieren de mucha luz, la incidencia de los rayos del sol no debe ser directa, por lo que se hace necesario darles cierta protección , quebrando los rayos solares mediante el uso de tela sarán de amplio paso de luz, listones de madera orientados de norte a sur, o bien cualquier material semi-translúcido como la fibra de vidrio.

La luz es un requerimiento muy importante en las vandáceas, que aquellas que no la reciben adecuadamente pueden presentar una anormal distribución de las hojas, caracterizándose por aparecer de forma más separada a través del tallo y no sobrepuestas unas a otras. Pero si además, con esta forma anormal de crecimiento se observa deshidratación, el problema habrá que enfocarlo también como falta de humedad, la cual deberá compensarse con un abundante y prolongado riego, debiéndose efectuar un mínimo de tres veces por semana.

 

Temperatura

Las temperaturas diurnas de entre 28-30° C y nocturnas hasta los 12° C, pueden ser las ideales, especialmente cuando se trata de híbridos que tengan en su ancestros a la Vanda coerulea , pues el hábitat de esta planta se ubica en la India, Birmania y Tailandia entre los 900 y 1.700 m.s.n.m. en donde la temperatura diurna asciende a los 28° C y por las noches puede llegar a los 0° C. La sensibilidad de la V. coerulea a las altas temperaturas es tal, que una variación de unos 5° C por encima del promedio produce en las raíces unas estrangulaciones que aparecen con cierta profusión y separadas unas de otras entre 1 y 2 cms.

 

Humedad y riego

Las vandas en general requieren de una humedad muy alta, lo ideal seria alrededor de un 80% y durante el mayor tiempo posible, su carencia se manifiesta en una disminución en el número y en la calidad de las flores, si bien es necesario regarlas frecuente y abundantemente, se debe cuidar de que el agua no quede depositada en la base de la planta, pues las raíces pueden llegar a podrirse, debiéndose por tanto, exponerse a una circulación continua de aire. Esta es una de las principales razones por la cual se cultivan en cestas y que estas a su vez cuelguen preferentemente del techo del orquideario.

También pierden rápidamente la humedad, lo cual se manifiesta por la disminución de la turgencia en las hojas y si se prolonga por mucho tiempo esta situación, por la separación inusual de las hojas.

Para compensar la carencia de pseudobulbos y por tanto la posibilidad de contar con reservas de agua, las vandas tienen raíces adventicias (que nacen fuera de su sitio), las cuales además de tener una gran capacidad para tomar el agua de la humedad ambiental, se presentan en un elevado número a lo largo del tallo, llegando a formar intrincadas marañas que

deben ser manejadas con mucho cuidado por cuanto son bastante sensibles al maltrato. Es por ello que el riego en las vandáceas reviste de particular importancia y debe realizarse, lógicamente, dependiendo de la humedad ambiental que exista en el lugar donde las cultivamos, pero en todo caso y como elemento indicativo, deben ser regadas en forma copiosa al menos tres veces por semana. Es importante observar el espacio interfoliar así como la turgencia de las hojas, para controlar la cantidad y periodicidad del riego.

Fertilización

Las vandáceas, en general para lograr un buen desarrollo y en consecuencia una buena floración tanto en cantidad como en calidad, deberán ser abonadas abundantemente y regularmente. Viviendo en el trópico donde las variaciones climatológicas inciden poco a lo largo del año, un plan de fertilización recomendado consistiría en abonar semanalmente utilizando una dosificación de 3 gramos de fertilizante 20-20-20 por cada litro de agua, realizándolo por 3 semanas seguidas y a la cuarta hacerlo con un abono cuya concentración sea de 10-30-20, repitiendo nuevamente el ciclo. Con el objeto de remover los residuos salinos que pudieran acumularse en el sistema radicular, se deberá practicar un riego muy abundante una vez al mes, en el cual deberá dejarse correr abundantemente el agua de riego

Otras características

Como casi todas las orquídeas, las vandáceas presentan una etapa de descanso en la cual reducen su actividad vegetativa, no con la intensidad que lo hacen las Cattleyas, pero si suficientemente como para que se note. Este período lo podemos detectar fácilmente porque se detiene el crecimiento de las raíces lo cual se hace evidente al no estar presente su extremo verde pálido o color caramelo. En esta etapa no deberá intentarse el repoteo o división alguna de las plantas, pues se corre el riesgo de perderlas.

La multiplicación de las vandáceas es algo más complicado que en las orquídeas de crecimiento simpodial (Cattleyas), dado que su crecimiento apical no es susceptible de división como éstas. Es por ello que para reproducirlas es preciso separar los hijos o “keikis” cuando éstos ya hayan enraizado, o bien dividir la planta, si por ejemplo ésta es muy alta, pero cuidándose de que en la parte superior quede un buen número de raíces perfectamente sanas. Esta operación se recomienda hacerla por partes, es decir, efectuar los cortes en el tallo con una navaja filosa un forma de “V”, pero sin cortarlo totalmente. Para que la planta no se parta por el sitio de corte, se puede asegurar con un tutor. Una vez que se observe el desarrollo de ambas partes, se pueden separar y sembrar aparte la sección superior. En cuanto a los hijos o “keikis”, una vez separados pueden colocarse en pequeñas cestas de madera, manteniéndolos firmes mediante la incorporación de un poco de raíz de helecho molida o de musgo y presionando alrededor de la plántula para que se mantenga firme, debe colocarse en un sitio húmedo y sombreado hasta que el sistema radicular se adhiera a la cesta, en cualquiera de los dos métodos por el cual se intente la reproducción, hay que evitar al máximo el daño a las raíces, recomendándose manipularlas luego de humedecerlas convenientemente, lo cual les confiere flexibilidad y evita que se partan.

El momento más apropiado para realizar divisiones de plantas o cambios de medio, es aquel cuando las raíces presentan claramente visibles sus extremos verdes o caramelo pálido.

Siendo una de las características de estas plantas el tener raíces adventicias, el tipo de medio donde se siembran deberá permitir una gran aireación de su sistema radicular y por tanto los potes o cestas también deberán permitirlo, recomendándose por lo tanto el uso de cestas de madera o metal, dentro de las cuales y distribuidos entre las raíces, pueden colocarse trozos de raíz de helecho o carbón vegetal (el carbón debe ser el que no contenga aditivos para que encienda más rápido). El uso de potes de arcilla solo se justifica en el caso de especimenes muy grandes y especialmente altos y que en todo caso funcionarían más como base y sostén de la planta que como contenedores del medio de cultivo.

Se recomienda colgar las cestas que contienen las plantas mediante el uso de ganchos de alambre que permitan ubicarlas a una altura algo mayor al de la cabeza de una persona adulta, para que de esta forma se pueda tener un fácil control visual.

Las Vandas por su configuración morfológica, así como por el tipo de medio donde prosperan, requieren de un menos frecuente cambio de medio y si se hace necesario realizarlo por su descomposición, se recomienda introducirlas en una cesta de madera nueva de mayor tamaño, pero recordando siempre no maltratar el sistema radicular (hay que hacer énfasis en esto). Es importante tener en cuenta que las raíces adventicias no deben ser cubiertas por el medio de siembra.

Enfermedades

Son plantas poco susceptibles a ser atacadas por insectos chupadores, cortadores o masticadores, lo cual no implica que nunca los tendrán, sino que dichos ataques no presentan mayores problemas y pueden ser controlados con relativa facilidad. A lo que sí es necesario poner mucha atención es a las infecciones fungosas y bacterianas, a las cuales son propensas, debiendo ser controladas rápida y eficazmente, pues su propagación puede ser bastante veloz y peligrosa. Fumigarlas periódicamente con un funguicida sistémico es una buena recomendación, especialmente si ya hay señales de infección.

 

 

 

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